jueves, 11 de octubre de 2012

¿Para qué te casas?


 Imagino nadie vendrá a preguntar. Supongo a nadie interesa.

¿Para qué lo haces o no lo haces?

Cada persona tendrá que vivir su vida y aprender de sus experiencias o de las ajenas (que serían menos costosas o dolorosas) y, tal como dice el dicho: “Nadie aprende en cabeza ajena”.
Sea lo que seas, lo que haces, puedes posponerlo o adelantarlo. Una vida emocional, social, económica, estudiantil, vocacional… o profesional ¡puedes hacerla hoy o mañana! (pero no pasado mañana).
Sea lo que decidas ¡Hazlo! Es tu vida (como fue la mía y la de muchos).
No creo que mis hijos vengan a preguntarme cierto día: “¿Por qué te casaste?” (yo tampoco iré a preguntarles a ellos y, mi papá, tampoco me preguntó y, en lugar de ello, habló con la que fue mi esposa, y ella le escuchó).
Tenemos grandes sueños (no son nada malos). Tenemos sueños pequeños (igual, valen para vivirse o ser realizados).

¿Por qué te casarías?

A mis 32, sin un empleo fijo, tuve la misma idea. Parte de mí hubiera deseado seguir con la misma promiscuidad de mis 18, el mismo libertinaje de esa juventud, pero reconocí la necesidad de legalizar y organizar mi vida sexual con una sola persona.

Antes de esa aventura del matrimonio (que no fue del todo mala), hablé con M.P. Yo me hubiera casado con ella, mucho antes, pero ni quería ese cambio, no confiaba en ella ni en nada, y tuve que pasar por mi sendero de piedras, pues, económicamente era dependiente y no tenía casa propia (de alguna manera, ciertamente, andaba descalzo en esa vida).

No recuerdo su argumento. Sé que ella no había terminado la universidad –tampoco yo- y, aunque habíamos terminado como pareja, sólo quise asegurarme resolver un error de omisión: Ella no accedió.

Por otro lado, hice lo propio con quien me acepto y se embarcó en esa aventura… ¡Ja! ¡Ja! No es nada fácil intentar vivir con quien no se conoce, con quien se ha caminado sólo un par de meses y, por muy intensos que sean esos momentos, esa adicción emocional, química y visceral, cesa si Dios no comulga en nuestras ideas, incluso, teniendo un gran parecido en la doctrina de fe (distintas denominaciones o interpretaciones de Dios).

Aquella y yo nos “embarcamos”; pero -de mi parte- hubo muchos buenos momentos que disfruté antes del predecible naufragio…

¿Tienes casa propia? ¿Puedes manejar la economía de la vida junto con otra persona?

¿Tienes ingresos regulares y propios, que no dependan del auxilio de la familia o de uno solo de los que intenta vivir juntos?

¿Tienes suficiente carácter para nadar sobre un mar de levas emocional, sexual o económico? ¿Tiene ella las fortalezas donde tú eres débil o fuerte?

¿Es amor o simple atracción humana?

Habrá muchas otras preguntas para responderse y sondear el alma… ¿Estoy listo para la responsabilidad de algo que es mayor que un sexo casual? (y, en éste, los riesgos de un embarazo no deseado, una enfermedad degenerativa e irreversible, son semejantes al copular con alguien desconocido).

Estadísticamente se sabe que, a cierta edad o tiempo rutinario de la relación, se tiende a desmejorar la intensidad de las relaciones, sean sexuales o sean personales. Si uno de los dos, o ambos, se sienten desdeñados, marginados o alejados –en la presente forma del vivir social- esa descompensación emocional puede suplirse FUERA de la relación matrimonial. ¿Estarás atent@ a que tus relaciones de trabajo o filiales NO DEBEN reemplazar tus vínculos amorosos matrimoniales?

Es muy posible que la mujer, primero que el hombre advierta esa cesación o disminución de la intensidad de la relación, del cariño, de las atenciones físicas y sexuales. Por lo general, uno no advierte ciertos cambios en la rutina, por las presiones del trabajo y, si se tienen niños, pues, el primer choque es el desplazamiento del tiempo que antes se le concedía, pero su propio hijo o hija toma ese lugar y las demandas del dinero le pueden llevar a concentrarse en el trabajo, otros ingresos y, mientras aquella da pecho a su hijo, el hombre, extramaritalmente, puede buscarse otra vagina… ¿No sucede, así, cuando el marido se aísla en su mundo, y ella busca otros recursos del placer, en la ausencia de quien la debía atender y complacer?

Aun así, con todo, volvería a jugarme la lotería de esa vida. No soy de los que tenga todo, pero lo quiero todo y, como ya sé qué está mal, puedo intentar lo posible, dentro de mis imposibles: No concibo al amor sin ese formal compromiso.

A.T.                Octubre 2012

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