jueves, 6 de septiembre de 2012

¡Te bendigo!

Te sigo bendiciendo
¡Estoy enamorado de una mujer que no me eligió!
¿Cómo puedo amar sin los medios?

Que él te dé, que cualquiera te dé,
Lo que yo no tengo ni supe dar.
Que te colmen con la abundancia de amor, o de placer,
Y bienes de dicha; pues, aunque algo tuve, no bastó lo que era para ti.
Y tú me colmaste (de este amor -que no deseo- y todavía lo transpiro).

¡Cuánto deseo que este duelo termine!
(me refiero a mi batalla; no a una competencia de oponentes, porque Dama no eres).
Sé que esa curiosidad (o capricho tuyo) no cesará hasta que te abandones en esa deriva de emociones.
Hago bien en no estorbarte -en no estorbar a nadie- y soplo aire bajo tus alas, pues,
Si truncase tu partida, si por algún medio retuviera, tendrás la incertidumbre de lo que “habría sido”, de lo que debió haberse hecho, y soy sólo otro (en otro lugar).
Y sé que cualquiera puede darte lo que buscas, lo que crees deseas; pero no será mi amor, no será esta libertad que me oprime (sólo a mí)… ¡Con sinceridad te bendigo!
¡Gózalo!
¡Disfrútalo!
Ha pagado un buen precio y, con honestidad, deseo él aprecie tenerte esos días (y que se quede contigo) (y todo lo tuyo) ¿Me hará un favor? ¿Me librará de lo que siento?
No sé cómo zafarme.
¡Pardiez! ¡Cómo me cuestas! (pero no era amor, de parte tuya).
No sé cómo olvidarte y, aunque lo estoy haciendo, te dejé entrar –tanto en mí- que me alegro de no haber tocado tu carne y no haberme fundido de ti: Sería una burla picada en cuatro (tú, yo, él y los demás).
Con todo, te bendigo.
En el fondo eres inocente, quizá tanto como yo y, en caso de culpas, yo he sido el culpable advenedizo, fui el elemento que sobraba, lo que estuvo de más, en lo que ya tú conocías.
(Hago una pausa. Tomo aire fresco y suspiro: ¿De qué me sirvió amar o seguirte amando?)
¡Te sigo bendiciendo!
Me volviste a la vida. Creí no volver a sentir, no volver a caminar henchido de sueños, pleno de buenas emociones y encarecidos deseos (pensaba darme todo).
Me diste una paz, una que pocas veces acaricio y, lo que te reprocho es esa ausencia que, más que debida a tu decisión, se debe a mi condición (y no hablo ahora de dinero) (igual querrías probarlo a él -y a otro- que te mueva la lívido).
Te sigo bendiciendo.
Respeto tu decisión ¿pero qué buscabas en mí? ¿Explorar tu curiosidad? ¿Practicar tus artes de seducción? ¿Jugaste con lo mío?
¡No lo sé!
Me parece irresponsable soplar tras la mente de quien quiere querer. Me parece una falta de respeto, hacia cualquier semejante, decirle o demostrarle –más de una vez- “me gustas” y luego desecharle como una toalla sanitaria utilizada, como a un trasto echado del camino, como una servilleta sucia…
¡Te perdono! ¡Te bendigo!
¿Cómo puedo amar sin los medios?
Hablo de dinero, hablo de tu cuerpo, y la garantía de que serías siempre mía.
¿Cómo amar, a cualquiera, sin la certeza de que su mente no anda dispersa pensando en otras personas, en otras emociones, nacidas de una lectura, de una foto, de muchas formas de interactuar?
¡Son tantas cosas!
Sin embargo, no soy ave nocturna.
Sólo vi lo bueno que hay en ti, pero lo oscuro guardaré en secreto (igual, lo hiciste conmigo) (para no herir).
No vuelo, no me elevo, ni andaré cabizbajo: Soy sólo yo.
No diré que alzaste mi autoestima, que me moviste a erecciones, porque anduve con cuidados (y no lo lamento) (perdí menos) ¿Qué diré de esos besos?
¡Sí!
Me insuflaste aire, me henchiste de dichas y nuevas alegrías, pero seré comedido para no ensalzarte (para no recordarte) y, en lugar de zaherirte, me hago bien en bendecirte: Dios te bendiga, amor de mi vida.
A.T.      Septiembre 7, 2012

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