lunes, 10 de septiembre de 2012

Mi agenda

Esta mañana, como frecuentemente despierto, la querría tener a mi lado.
Puedo confesar que no caminé con ella a la orilla de la playa, pero varias veces la tomé de la mano (y estuvimos abrazados).

Puedo decir que no la cargué sobre mi cuerpo; pero la levanté para cruzar la calle, una tarde lluviosa, evitándole mojara sus pies y sus sandalias…

¿Pero hablo hoy, de ella? ¡NO! No hablo de quien tomó su decisión correcta ni de quien hizo bien en seguir o apartarse, hablo de toda y cualquier mujer que se ame (esa que pueda amar y pueda besar).

¿Qué criticaría de la siguiente generación? Demasiado apego al entorno materialista. No están mal las consideraciones que aseguren la permanencia familiar o de parejas, pero noto que se piensa más en la conveniencia que en el amor de verdad, ese que da, sin querer comprar cariños y lealtades.

¿Qué criticaría a mi generación, a los que vinimos de los años 60? Inseminamos demasiado, regamos demasiados hijos, y muchas de esas mujeres siguen prisioneras, esclavizadas (inermes) para vivir lo que les quede LIBRE de sus vidas (no todas, pero demasiadas).

Los hijos, básicamente, se irán a vivir sus vidas. No estoy de acuerdo que –para el amor- sólo se halle o se busque un espacio “cuando los niños ya se duerman”, “cuando se terminen las faenas”… ¿Por qué robarme un beso? ¿Por qué tocarse a escondidas? ¿Por qué vivir un love affair extramatrimonial?

¡No me sirve la mujer que viene a casa! (ni aquella que debo llevar a un hotel, usando lentes oscuros).

No es bueno que nuestros hijos vean la intimidad, pero, más temprano que tarde, notarán que nos reducimos y ellos harán lo que no hicimos: ¿Se casaron con la familia, con los hijos de otros esposos?

¡Madres! Uds se ocupan de tantas tareas, tanto ocuparse de cosas que siempre habrá que hacer, que el amor se erosiona, que otra mujer atiende los apetitos románticos (o sexuales) de sus esposos, amantes (y peor es nada), que luego se quejan de esas arrugas, esos pellejos colgantes. ¡Coño!

No hablaré nadie, sino por mí: Cada mañana quiero amarla (no es sólo sexo). Cada día o cada hora que tengo libre, o de ocio, deseo acariciarla, tocarla, olerla escucharla. No soy de los que mira fotos o repite videos ¡Creo a la realidad que siento! (no sólo a lo que veo) y las veo tan complicadas en trabajos, ajetreos o deudas… Es nuestra responsabilidad. Cosechamos lo que sembramos, pero los hijos siempre se van. ¿Dónde queda ese amor? (y no es que hable del que ellos merecen o necesitan) sino Del que dejamos de darnos, el que dejamos de compartirlos con las mujeres que tuvimos (y no lo hicimos).

Entiendo que Uds funcionen así (yo no). Entiendo que muchas y pocas sean románticas, lúdicas, conversadoras, verbal o escrituralmente expresivas o del modo que sean, pero soy tan distinto, que no siempre entiendo las diferencias: Quizá estoy equivocado.

Otras, cifrando sus esperanzas en fotos, explotan sus caras bonitas, pero –su corazón- ya ni expresa la nada y aguardan –un no sé qué- que ni ellas mismas saben qué esperan) o ya ni esperan) ¡No vendrá el adivino!
No puedo cambiar el mundo de nadie (tan poco hago con lo mío) pero ¿de qué se extrañan? Se esclavizaron de las tareas que ya deberían hacer sus hijos, sus hijas. En lugar de formarlos para la interdependencia, les educaron para la dependencia y, si aprendieron de la libertad, fue a expensas de lo que ustedes se esclavizan…

¡Perdónenme! (o aborrézcanme).

Yo pienso distinto. Llámenme irresponsable, indolente, pero –cuando extrañen los abrazos- (la pasión de algunos besos) bésense con los recuerdos: Ocuparse, sólo de los hijos, no está en mi agenda.

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